Monday, June 10, 2013

El Pino Criollo bajo los ataques del síndrome “Littleleaf”


Seguro que muchos de ustedes han notado en nuestras zonas rurales los grupos de pino criollo con todas sus hojas (agujas) de color marrón. Esta es una señal de que el árbol está gravemente enfermo y posiblemente muera. Esto viene ocurriendo de forma recurrente, por más de dos décadas en La Sierra. Especialistas traídos por el Plan Sierra han diagnosticado posibles agentes causantes, y hace unos 10 años, nuestro colega Dr. Gunter Dobler, al regresar a Alemania después de numerosos años de servicio, pudo junto con el Dr. T. Jung del Instituto Estatal Forestal de Bavaria, concretizar la existencia del síndrome “littleleaf” cuya traducción literal seria “hoja pequeña”.

El síndrome es producido por una combinación de varios factores que incluyen el manejo histórico del suelo, un patógeno y la forma de manejar los arboles. Littleleaf puede destruir grupos de pinos en múltiples localidades un período de 5 a 15 años. La decadencia de los árboles se produce por una pérdida correlacionada de absorción en la superficie de la raíz, pérdida de carbohidratos necesarios para la nueva producción de raíces y pérdida del área eficaz de la copa. La presencia de este síndrome se confunde en las actividades de producción forestal, con los ataques a los árboles son atacados por escarabajos del pino. Aparentemente existen otras enfermedades asociadas al síndrome, donde los pinos muertos presentan síntomas diferentes, donde se encuentran pinos muriendo con todo su follaje (síntoma diferente al de littleleaf). Sucede que los escarabajos que atacan los pinos debilitados por “littleleaf” pueden desplazarse hasta pinos sanos en los alrededores inmediatos. El escarabajo transporta unos nematodos que pueden entrar al sistema vascular de las plantas, bloquear los vasos conductores de sabia, y producir la muerte por otra enfermedad conocida como “wilt”.

La enfermedad “littleleaf” no fue reconocida como un único agente causante de mortalidad hasta mediados de la década de 1930 en los EEUU. En el sureste de Norteamérica, se considera una enfermedad importante para el Pinus echinata, y ahora nos toca a nosotros enfrentarla en el pino criollo. El patógeno causal interactuando con el suelo y el árbol para generar los síntomas de littleleaf es un hongo común que provoca la pudrición de la raíz, y cuyo nombre científico es Phytophthora cinnamomi. Este hongo también enferma las raíces de otras plantas leñosas como el castaño, el aguacate y los robles.

P. cinnamomi es un hongo que se encuentra en casi todos los suelos. Se puede encontrar en el suelo bajo los pinos durante todo el año. También se puede encontrar en suelos sin pinos. También puede encontrarse en el suelo interactuando con las raíces del pino y sin embargo no causar la enfermedad de littleleaf. Es la composición del suelo y sus características de drenaje, que conjuntamente a las reacciones del árbol, generan los síntomas de “littleleaf”. Bajo árboles enfermos, los hongos se pueden encontrar físicamente situados donde se encuentra la mayor concentración de raíces absorbentes (a una profundidad máxima de 2.5 pulgadas). Otro hongo de pudrición de raíz de suelo, el Pythium sp. ha sido citado como un participante secundario en el síndrome. También se han identificado lesiones de nematodos en las raíces absorbentes.

La amarillez de las agujas es causada por una falta de absorción de elementos desde las raíces, especialmente nitrógeno. Las agujas enfermas sólo tienen aproximadamente el 40% del contenido de nitrógeno que contienen agujas normales. Otros elementos que son difíciles de alcanzar y controlar pueden ser motivo de preocupación, incluyendo potasio (K), fósforo (P) y magnesio (Mg). Se estima que más del 50% del sistema radicular absorbente en un pino sintomático está continuamente comprometido por la enfermedad littleleaf. Los hongos infectan las raíces de pino a temperaturas superiores a 21 grados C. El daño en la zona de las raíces se produce cuando los suelos están húmedos y éstas se encuentran en pleno crecimiento.

En cuanto al manejo histórico del suelo, el síndrome de littleleaf está muy relacionado con los suelos pesados, la erosión del terreno, la quema frecuente, los suelos poco profundos, con poca materia orgánica, bajo contenido de nitrógeno, y baja capacidad de intercambio catiónico. También resulta adversa la presencia de capas impermeables en el suelo, pobre capacidad de infiltración de agua, drenajes pobres, baja porosidad en la capa superficial y pérdida del horizonte superficial.

Este síndrome es un problema crónico para nuestro pino en lugares con suelos poco profundos, con arcilla pesada, y textura fina. La mayoría de veces este síndrome de la enfermedad no es reconocido. La enfermedad destruye la interfaz absorbente de la raíz entre el árbol y el suelo, dejando el árbol sin alternativas para sobrevivir. Una gestión más eficaz utilizando las respuestas adecuadas para esta enfermedad es necesaria. La comprensión de los mecanismos causales es un primer paso importante.

Las  mejores prácticas para minimizar las pérdidas producidas por esta enfermedad varían con las condiciones particulares de cada bosque y los objetivos de administración. Las siguientes opciones pueden tomarse en consideración: a) Utilizar pinos que no presenten síntomas de la enfermedad como fuentes de semillas; b) utilizar especies de coníferas resistentes; c) utilizar especies latifoliadas en los lugares afectados por el síndrome; d) disminuir la densidad de plantación; e) mejorar el sitio y las plantas; f) mantener un vigilancia regular de las áreas boscosas; g) eliminar árboles de alto riesgo; h) entresacar los arboles afectados y adicionales en las periferias de los focos de enfermedad; i) manejar la composición de especies; j) considerar el uso de fertilizantes. Una alternativa final seria regenerar el rodal.

Tuesday, January 15, 2013

Las formas de labranza invasoras destruyen los recursos forestales en República Dominicana


Por Santiago W. Bueno-López

 No es el siglo XIX, y tampoco se trata de una invasión militar. De todos modos, este nuevo tipo de invasión, está causando estragos en los recursos naturales dominicanos. Recientemente estuve trabajando en el municipio de Restauración, en la provincia de Dajabón, y tuve la oportunidad de apreciar por primera vez la diferencia de los bosques en ambas naciones. En Restauración los bosques de pino criollo son majestuosos, con arboles esbeltos y altos. Del otro lado pude apreciar con mucho pesar como lucen de desoladas las montañas de nuestro país hermano Haití. 

 

Es bien sabido que la perdida de cobertura vegetal y del recurso suelo ha sido provocada por el mal manejo que se le ha dado desde tiempos inmemoriales a los recursos el país vecino. Y hemos sido testigos también de los graves problemas que ocasionan este hecho, provocando deslaves y pérdidas de vidas humanas; cuando las lluvias torrenciales en la temporada ciclónica arrasan con el suelo desprovisto de vegetación. Los habitantes de la isla no provienen de sociedades con conocimientos de silvicultura, y es inexplicable el hecho de que hayamos podido preservar el poquito de bosque que queda en esta parte de la misma.

 

Los dominicanos se jactan de pregonar sobre la diferencia que se aprecia en la cantidad de vegetación que existe entre los dos países y sin embargo, nuestros recursos comienzan a ser manejados de la misma forma abusiva que conduce a la desertificación. Para muestra basta un botón. En la fotografía más abajo se muestran dos montañas. La de la derecha fue tomada en Haití; la de la izquierda en el sur de nuestro país. Pueden notar diferencias extremas? Y no es asunto que debiera causar sorpresas, pues quienes están realizando la gran mayoría de las labores de campo son precisamente haitianos. Y lo están haciendo a la manera que fueron acostumbrados, y con la cual destruyeron los bosques y el suelo de su país, quemándolo todo previamente sin que se le salve nada.


Fotos: Luis Eduardo Peralta

Las autoridades responsables de salvaguardar nuestro medioambiente deben ponerse los pantalones y evitar que la invasión haitiana que viene causando el deterioro acelerado de nuestros recursos siga avanzando. Ellos ya acabaron con los recursos de su país y ahora vienen a acabar el nuestro. Y cuando todo esté destruido en este lado de la isla, no tendremos como ellos han tenido en Republica Dominicana, un lugar donde refugiarnos. No tenemos branquias y lo que nos rodea es agua de mar.

 

 

El Holocausto del Pino Criollo en Republica Dominicana


Por Santiago Wigberto Bueno-López

 
En historia se identifica con el nombre de “Holocausto”, al intento orquestado por Hitler, de aniquilar totalmente a la población judía de Europa. Unos 6 millones de judíos perdieron la vida. Así mismo como le “entro” Hitler a los Judíos, contrabandistas y regentes  inescrupulosos; bajo la mirada impotente, quizás inepta y a veces encadenada con complicidad de algunos fiscalizadores gubernamentales; le han entrado a las poblaciones de pino criollo, Pinus occidentalis, Sw., en La Sierra y otras partes del país, y lo único que se prevé en futuro no muy lejano, es la aniquilación de esta especie en las aéreas productivas. Esta especie con cuya madera se construyeron casas que hoy después de más de 100 años aún perduran, habrá que ir al Parque Nacional para verla, dice un amigo y ex viceministro de Recursos Forestales. 

Mientras el Plan Sierra fue regente único, se mantuvo un nivel ético adecuado en el manejo de los bosques de pino en la sierra. Se trabajaba con el afán de lograr la meta propuesta de que el 60% de esta región estuviera bajo cobertura boscosa. La difícil tarea de servir de intermediario tenía como prioridad, 1) lograr que los propietarios cumplieran los compromisos de mantenerse produciendo madera de manera perpetua; 2) incrementar las áreas de reforestación; 3) realizar las operaciones silviculturales respetando las decisiones técnicas apropiadas y 4) respetar las áreas designadas como zona de protección.

En el 2000 las autoridades adoptan una nueva ley forestal y se autorizan un sinnúmero de regentes con la potestad de presentar y ejecutar planes de manejo y planes de corta. Contrario al Plan Sierra, que contaba con un equipo multisectorial de profesionales para hacerse cargo del manejo del bosque; los regentes que surgen actúan en la mayoría de los casos, de manera individual, tienen lagunas técnicas y éticas considerables y no poseen un propósito silvicultural que les sirva como guía.   Aparentemente, la única meta es “cobrar” sus trabajos, cosa que se logra más fácil y en mayor cantidad extrayendo mucho volumen del bosque, sin considerar sus funciones ecológicas en el presente y futuro. Para lograr mucho volumen, deben extraer lo mejor del bosque, explotando y disminuyendo considerablemente el acerbo genético de las poblaciones de pino criollo. Nunca es bueno generalizar pero, así como lo hicieron las madereras en la primera mitad del siglo XX, los regentes que surgieron a principios del siglo XXI han “explotado” los bosques remanentes de pino criollo.

 


 Las autoridades fiscalizadoras no han logrado controlar la conversión de bosque a conuco y eventualmente a pastos. Según ellos, y quizás en eso tengan razón, no existe el apoyo logístico para lograrlo sin embargo, se otorgan permisos para cortar dos y tres arboles que luego se convierten en 10 o 20, y por ahí comienza el problema. Otra desventaja en la subsistencia del pino criollo, es que no se ha logrado establecer plantaciones exitosas que puedan competir con otras especies como el pino caribaea. La productividad de éste último en plantaciones, sobrepasa en mucho la de nuestro pino y por lo tanto, desde el punto de vista económico es preferido por parte de propietarios y administradores forestales. Esto ha resultado en el remplazo del pino criollo de bastas áreas que una vez ocupó de manera exitosa. Desde el Plan Sierra se han venido haciendo investigaciones con tal de mejorar el establecimiento de plantaciones de pino criollo pero los resultados de estas pruebas no han sido concluyentes.

Un viaje reciente de recolección de datos para fines de investigación forestal nos llevo en un recorrido por las principales aéreas de productoras de madera de pino criollo, en la zona norte del país. Exactamente estuvimos recorriendo las áreas productivas en los municipios de Jarabacoa, San José de las Matas y Restauración. El estado actual de esos lugares es extremadamente desalentador, siendo mucho más crítica la situación en San Jose de las Matas. En la mayoría de los lugares visitados en este municipio, el bosque de pino criollo ha sido remplazado por otras especies, pastizales degradados o por conucos, y donde quedan pinos endémicos estos son ralos, desatendidos y de mala formación.



Del holocausto de nuestro endémico pino criollo podría devenir la decadencia de nuestras zonas rurales. Para evitarlo necesitamos de mejor voluntad en el ejercicio de fiscalización, responsabilidad que recae sobre el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, sobre todo en lo que respecta a la supervisión de regentes, para que éstos últimos cesen de explotar y de minar lo que resta de nuestros bosques naturales de pino criollo. Se debe por todos los medios velar para que se cumpla lo acordado en los planes de manejo. A los contrabandistas debieran despojarlos de los camiones en los que se transporta la madera contrabandeada, para frenarlos aunque sea momentáneamente. Aunque las plantaciones del pino criollo no pueden competir en términos productivos con las de otras especies, estoy seguro que un programa agresivo de investigación en métodos alternativos de reproducción, especialmente aquellos que consideran la regeneración natural, nos permitirá encontrar las técnicas apropiadas para reproducir adecuadamente nuestro pino criollo. Estas acciones deben ser acompañadas de políticas apropiadas. Como es posible que si ocurre un incendio en un rodal, esta área no pueda ser intervenida apropiadamente? En el lapso de tiempo que transcurre hasta que se autoriza una intervención, se establecen especies indeseadas y las áreas se convierten en improductivas.

Debemos intentar por todos los medios traer de vuelta el “occidentalis”. Nos da la impresión de que ha sido abandonado a su suerte y este curso de acción que aparentemente han tomado algunos administradores forestales importantes, es inaceptable.

 

 

Monday, June 11, 2012

Importancia de la calidad del agua producida en La Sierra

Por Dr. Santiago W. Bueno, Ph.D.
El ciclo hidrológico comprende la transición de las aguas por los océanos, lagos, ríos y suelos y nosotros los humanos necesitamos que este ciclo siga proveyendo agua suficiente y de buena calidad para mantener una calidad de vida aceptable. Sin embargo, la situación del recurso agua en el mundo es cada día más preocupante. A través de la prensa nos enteramos, de catástrofes causadas por demasiado agua, poca agua o agua contaminada. El país y la región no son ajenos a estas catástrofes.
          Muchas naciones del mundo han entendido la importancia que tiene el agua, y  la han tomado muy en serio al momento de planificar el desarrollo a largo plazo de sus países, sus grandes ciudades y pequeñas comunidades. En 1986 el Profesor  Werner Stumm dijo que el “agua es el requisito más esencial que la naturaleza provee para sostener la vida de plantas, animales y humanos. La cantidad total de agua fresca en la tierra podría satisfacer todas las necesidades de la población humana si estuviera distribuida equitativamente y fuera accesible”. Hoy día se hace necesario proteger los ecosistemas hidrológicos  debido a que su calidad está siendo gravemente afectada por el desarrollo cultural y nuestra civilización. No solo debemos pensar en términos de los efectos inmediatos a los humanos que toman el agua sino también en los peligros impuestos en el agua como sistema de soporte de vida de una red compleja de organismos acuáticos y ciclos biogeoquímicos.
Con el termino calidad de agua se hace referencia a la composición del agua en la medida en que esta es afectada por la concentración de sustancias toxicas, producidas por procesos naturales o antropogénicos. Los estándares sobre calidad de agua variarán dependiendo de si se trata de agua para consumo humano, para uso agrícola o industrial, para recreación, para mantener la calidad ambiental, etc.
            La calidad de las aguas de los acueductos de las ciudades de Santiago, Mao, Moca y otras comunidades en gran parte del valle del Cibao, depende en gran medida del uso de suelo bajo el que se encuentran las cuencas altas y medias de los ríos y arroyos que suplen esos acueductos.  Las cuencas y micro cuencas mencionadas arriba ocurren en su mayoría en la región conocida como La Sierra. Casi todas tienen gran parte de su cuenca alta dentro de los límites del Parque Nacional J.A. Bermúdez. Al salir del parque, los suelos inmediatos a los cursos de ríos y arroyos se encuentran sometidos a diferentes tipos de uso, los cuales contaminan en menor o mayor grado el agua que transcurre por ellos hasta llegar a los depósitos (presas) de los acueductos que suplen de agua a gran parte del Valle del Cibao. En esta región, los desperdicios de la actividad humana y económica entran al sistema fluvial, donde mayor y severo es el impacto negativo.
            El hecho de que más de 2 millones de habitantes son servidos por las aguas que provienen de las microcuencas serranas, convierte en prioritaria la necesidad de mantener un monitoreo constante de las mismas así como la identificación de los factores principales que inciden en su deterioro o preservación. Uno de estos factores es el uso de suelo bajo el que se encuentran las partes altas y medias de las microcuencas. Se intuye que los bosques contribuyen con el mantenimiento de una alta calidad del agua. Esto lo logran a través de minimizar la erosión del suelo en el sitio, y por medio de trampas o filtrado de otros contaminantes del agua.
Por otra parte, un suelo dedicado a la producción agrícola, cultivos perennes, pastos, café; en los terrenos escarpados que caracterizan las cuencas de los ríos contribuyen con la contaminación y deterioro de la calidad de las aguas, debido a que estos últimos necesitan para mantenerse productivos,  la aplicación de químicos y fertilizantes, siendo sus residuos lixiviados y transportados hasta las fuentes de agua de las microcuencas y cuencas que alimentan los acueductos que proveen de agua a las comunidades en los valles.
            Una mayor cobertura de bosques latifoliados y húmedos se reflejaría en una mayor calidad de agua, con menos contaminantes; mientras que la presencia de agricultura, café y pastos, debido al uso indiscriminado de pesticidas y alto potencial de erosión en este tipo de uso de suelos, la disminuiría.
Los consumidores de las aguas serranas podrían beneficiarse si se identifican cuales fuentes de agua presentan niveles de contaminación críticos e inapropiados, y se toman medidas correctivas para controlar las causas que provocan esa contaminación. El agua es única, su cantidad es fija y sin ella no hay vida (Eugen, 1999).
            La medición de la calidad de agua serrana, es una estrategia factible para enfrentar la contaminación y posibilitaría un análisis minucioso de la situación que enfrentan las ciudades del valle. Las medidas correctivas una vez identificado el problema, garantizarían una oferta segura de agua para consumo humano tanto en cantidad como en calidad.

La producción actual de casabe no es amigable al medio ambiente.

Por S. W. Bueno-Lopez
El casabe es un producto de gran impacto socioeconómico en la República Dominicana, debido a que un considerable número de familias obtiene su sustento diario con la producción de yuca amarga, el procesamiento, la industrialización y la venta del casabe. Asimismo, su venta en los mercados del exterior genera divisas a favor de la balanza de pagos del país. Sin embargo, cuando se considera su efecto en el medio ambiente, tanto la producción de yuca amarga como el proceso de industrialización en la mayoría de los casos, causan gran deterioro en los suelos donde se cultiva la primera y en los bosques rivereños que es de donde proceden la gran mayoría de la madera utilizada como combustible para los hornos productores.
Consideremos las procesadoras de casabe en la carretera Santiago-San José de las Matas. En los últimos 10 años estas se han multiplicado debido al aumento del tráfico por la carretera Santiago-San José de las Matas y las mejoras del casabe serrano. Sin embargo, la gran mayoría de la yuca es producida en zonas de altas pendientes, son suelos frágiles y donde no se aplican las medidas de conservación necesarias para evitar la erosión ni que los sedimentos alcancen los proyectos hidroeléctricos de alta inversión que se han levantado en la región.
Otra preocupación radica en la forma en que se procesa la yuca amarga.  Como todos los miembros de las euforbiáceas, la planta de yuca produce una sabia que contiene el glucósido cianogénico que es venenoso al ser humano y los animales, por lo que se deben tomar medidas extremas de seguridad durante el proceso de su preparación en la industria del casabe. Este proceso no se realiza de forma adecuada y los humanos y animales quedan expuestos a la ingestión crónica de pequeñas dosis de tóxicos que, durante meses o años lesionarán al sistema nervioso central y al sistema nervioso periférico. Es casi seguro que no se utilizaban guantes impermeables durante el manejo, los trabajadores no se lavan adecuadamente al terminar su faena y las aguas residuales tóxicas se esparcen sin ningún control.
Todo el que transita por esta carretera puede observar las grandes cantidades de leña de diversas especies, incluyendo especies maderables preciosas listas para alimentar los hornos de fabricación. A saber, no se conoce de la existencia de fincas energéticas en la región que puedan ser las suplidoras de esta gran cantidad de madera. Cientos de metros cúbicos son consumidos semanalmente en la producción de casabe. Si consideramos que las especies de mayor crecimiento en la región lo que producen en promedio es 12 metros cúbicos por hectárea cada año, entonces debemos asumir que los bosques están siendo depredados de forma alarmante y con mucha falta de racionalidad.
Las autoridades de Medio Ambiente no parecen haber notado este proceso o lo han inadvertido con conocimiento de causa. Muchas familias dominicanos dependen de esta industria pero de la manera que se está procediendo no se prevé sostenibilidad para la industria misma ni para los recursos naturales que la sostienen. El país tiene zonas potenciales para la producción de yuca, como materia prima principal para la elaboración de casabe, pero no existe un protocolo para identificar estas zonas y un reglamento que limite la producción de esta en terrenos marginales. Desde finales de la década de los 70 se viene trabajando en el rescate de las zonas boscosas de las regiones críticas del país. Parece que hemos vuelto a desandar este arduo camino. La producción de madera para combustible debe regularizarse mediante la creación de las fincas energéticas que se plantearon hace más de tres décadas y alas que no se le dio continuidad.
Si la industria del casabe es buena en los aspectos sociales y económicos, debemos buscar la manera de que también sea amigable al medio ambiente, creando una fuente sostenible de madera mediante la creación de fincas energéticas, y haciendo eficiente el uso de los combustibles para los hornos. Las plantas leñosas son un recurso renovable pero deben ser manejadas de forma eficaz. Debemos reducir además la incidencia devastadora de la producción de yuca amarga en el suelo y su subsecuente efecto en detrimento de los sistemas fluviales, localizando suelos capaces de soportar el manejo intensivo requerido, e incorporando medidas para conservar este valioso recurso.

Monday, June 27, 2011

Reclamation of Degraded Lands in the Dominican Republic.

Deforestation and subsequent land degradation is caused by many concurrent factors in the Dominican Republic, but one among them prevails. That issue is the disorder with which things are handled within the official forestry sector. In there, multiple agencies have overlapping mandate over the management of the natural and forest resources, generating many contradictory decisions which prevent the application of timely management and conservation measures from being executed for the sake and protection of the environment. In reality, this sector has always been a low priority for the central government. With an ever increasing pressure from a growing population and the indifference from decision makers the future of natural resources in the island is all but promising.
Fortunately not all has been lost. Plan Sierra, an NGO working to try to restore ecosystem functioning in the north central portion of the Cordillera Central has proven that appropriate actions and adequate budget together with honest administration can prevent the loss of natural resources and enhance their management. They have been able to recover degraded lands with their reforestation efforts and also integrate the inhabitants of their region of influence in the wise management and preservation of the natural resources.
The country has lost most of its forest cover, in the process losing biological diversity and forestry potential. According to Karl Woodward, cited by Dobler, et. al. (1995), in 1909 the country had a forest cover of about 85%. In 1922 the construction of roads to connect the country provided access to forest resources which people began to exploit irrationally. With the occurrence of the World Wars I and II, the demand for wood grew internationally and the dictator Trujillo appropriated most of the forest resources to export wood for his own benefit. Many rustic sawmills were installed to exploit Pinus occidentalis and Swetenia mahogany natural forests. Harvesting operations were carried out without any concern for the soil, and forests were not replanted. Once logged, an area would be abandoned or used to plant agricultural crops and pasture, no matter if slopes were inappropriate.
Because loggers did not apply any conservation practices to counteract soil loss, the erosion processes left the land infertile in a short period of time. Most of the soils in the mountains became infertile and people abandoned them. Invasive and undesirable species which were good enough to barely keep some cattle grazing grew and occupied these sites. This situation lasted until 1967 when the government at that time passed a law prohibiting the cutting of wood and closed down all sawmills (Dobler, et. al., 1995). This law also transferred the responsibility of the Forestry Sector to the military. The consequences of these actions would prove not to be a solution but instead to intensify the problem of deforestation. This law fomented the illegal cutting of wood and the intentional occurrence of forest fires that damaged thousands and thousands of hectares of primary and secondary forest. At the beginning of the 1980´s we hit the lowest point in terms of forest cover, with only 10.6% remaining (FAO, 1987).
By 1980, deforestation levels began to worry Dominicans, especially those living in the cities and valleys which were dependent on the waters coming from the mountains to supply them with hydroelectricity and water for human consumption and irrigation. They were expecting that eventually there was not going to be enough water to supply aqueducts and feed the hydro electrical turbines in the dams. People living in the cities and valleys associated the occurrence of long periods of drought and the drying of river courses to the deforestation levels.
Development councils of the most prominent cities began to devise a way to stop deforestation as a mean of preserving rivers from drying out. Forest cover in river basins acts as a physical barrier and sponge. It prevents precipitation drops and running water from washing out soil particles which would eventually get to the dams and obstruct them with sediments. It also allows water from precipitation to easily percolate through the subsoil to later on be released to rivers and lakes in a controlled manner. Without its presence, dam infrastructures are condemned to lose speedily their capacity to generate hydroelectricity and substantially reduced their life span.
The government was pushed to invest in reforestation projects by making big loans of foreign currency to implement soil conservation measures and to plant trees. The government also needed to designate sensible areas in the mountains to be protected and conserved. But little was accomplished. Several NGO´s were established at that time, all trying to contribute to solve the deforestation problem. They spent money and little was gained because communities were not involved in decision making and there was not a guarantee that those who reforested were going to be able to harvest. Plus many still were practicing the so-called slash and burn agriculture. Today still more than 500,000 peasants practice this type of itinerant agriculture. Slash and burn agriculture is the process by which a forested area is cut and burned to be dedicated to the production of temporal crops. Most of the time, land preparation is done without taking into account the fragility of the soils and the steepness of the terrain and without using appropriate soil conservation measures. This results in the loss of soil fertility due to erosion caused by rainfall. This loss occurs usually within less than 3 years. The farmer will move, if land is available, to another forested area and will begin the process again.
In present days things have not improve to the extent needed, and deforestation in the D.R. is still caused by several factors which could be grouped by their social, economic, natural and institutional nature. Among the social forces, the lack of a culture to inhabit mountainous terrain and the inadequate land distribution is of relevance. Fragile soils with slopes exceeding 40% are used to plant beans, corn and other short rotation crops. Each field will last at most three years providing the farmer with the results he expects, but eventually it will be abandoned to a fallow period because it loses fertility due mainly to erosion. Rarely the field will be able to grow other crops but pine forest after being abandoned. In the 1960´s and the first part of the 1970´s there was enough land to allow slash and burn agriculture, but land became scarce and suddenly farmers found themselves without the means to produce the food they needed to live. They would be hired by big land owners, and probably would have to sell most of their land to them in order to provide for the needs of their families. Big landowners did not have a forest culture themselves. Since the beginning of the republic, they were used to raising cattle as their main commercial activity, and that is what they continue doing today.
The economic forces influencing deforestation include the existence of a high demand for forest products (US$192.7 millions imported in 2000)(Banco Central, 2005); a high unemployment rate, especially  in rural areas, high cost of conventional energy, and the lack of incentives for investment in the forestry sector. Most of the homes in rural areas are constructed from wood. In the cities most of the construction is based on cement but a lot of wood is still required for framing purposes. Agricultural industries like tobacco and sugar require a lot of wood as well; first to build curing infrastructure, and second to provide for energy. Rural unemployment affects deforestation because most of the illegal cuttings and forest fires are caused by the unemployed. Rural inhabitants use wood as fuel for cooking purposes because many of them can not have access to conventional energy due to its high cost.
Because soils are fragile and the terrain is hilly in more than 60 percent, it makes it ideal to grow and silviculturally manage trees instead of annual crops. The fact that rotation age of Pinus occidentalis is short (from 40 to 60 years) makes it attractive for people to invest in reforestation projects. Besides, this is the only species that will naturally occupy and prosper on the degraded areas by slash and burn agriculture. But the lack of financial incentives prevents it from happening. A compromise from the government assuring investors appropriate regulations on the forestry sector is urgently needed.
What most contributes to prevent the process of deforestation from being halted is the disarray of matters within the forestry sector. The main issues related to the forestry sector and deforestation are: the presence of more than one official agency with overlapping mandate and responsibility in managing forest resources; poor inter-agency coordination and cooperation; and inadequate legislation. A further difficulty is the fact that the forestry sector is traditionally low priority for the central government and is always assigned an inadequate budget. Other factors influencing the level of deforestation include legal aspects, such as many laws and regulations concerning the forestry sector.
Tangential and measurable consequences of deforestation are the increased price of forest products; loss of biodiversity; unstable river courses; increased sedimentation of dams; decreased hydroelectricity generation capacity; loss of soil fertility; and decreased food production capacity. Moreover, the demand for foreign currency to cover imports of forest products is high, the amount of water available for irrigation and human consumption decreases continuously, and flooding has already caused the loss of human lives and economic setbacks.
Possible Solutions to the deforestation problem of the Dominican Republic embrace reevaluating and redesigning the forestry sector and the legal and institutional mandates. The government has to make this problem a national priority and has to look beyond the four years of every term of office period. It must provide appropriate incentives to make the forestry sector attractive to investors. It must create the bases for educating human resources to lead the way towards implementing appropriate research based on priority.
Among the possible solutions for reclamation of the degraded lands in the D.R., the investment in replicating the works of institutions such as Plan Sierra in other critical regions of the nation is the most appealing. This approach constitutes a very viable alternative as proven by the achievements reached by this NGO in the past 20 years. It has been capable of implementing a rural development program which has integrated women, children and men in the ecological development of the surrounding environment, at the same time improving their quality of life. In addition this project has worked in the protection of natural resources. Inhabitants have been taught ways for appropriate management of soil, water and forest. Forest cover has recuperated from 22% of the area to current levels of 38%. Aim is to reach 60% in the next 20 years (Dobler, et. al. 1995).
The ideal is that institutions with similar philosophy and working methodology, be created and spread out in all areas of the country where the development of actions to counteract deforestation is necessary.  General goals are to conduct ecological and social reordering of the regions under the influence of these institutions. Specific goals in the ecological reordering are to increase forest cover using appropriate species for the production of wood and perennial fruits like coffee plantations; to establish silvopastoral systems to accommodate those inhabitants that depend on cattle raising as part of their culture; and to train inhabitants in the production of food in fragile and mountainous soils. To reorder the social system it is going to be necessary to educate individuals and communities so that they become knowledgeable of their problems and the possibilities for solving them. Democratic schemes as well as the communal institutions will have to be strengthened to increase the possibility of negotiating with governmental, financial and other agencies interacting in the individual regions.
In conclusion, the sake of the natural resources in the D.R will require a strong commitment from the central government to stop deforestation and prevent that the east part of the Hispaniola becomes a desert. The forestry sector has to be provided with an adequate budget and populated with professionals with clear understanding of the importance of the natural resources and aware of the ways they should be managed. Laws and regulations have to be made in concordance with the reality of the sector. Agencies need a clear definition and boundaries of their mandates. Institutions such as Plan Sierra need to be created and allocated in all critical watersheds all over the country so that they can start the process to reorder the social and ecological system for the well being of future generations of Dominicans.   
Reordering the social and ecological systems so that deforestation is halted, would require an investment of around 14 million dollars for every 3,000 square kilometers in a twelve year period (Casasnovas and Adames, 1999). This investment would generate earnings for more than 200 million dollars in the same period and area without taking into consideration the social benefits linked to employment generation and reduction of the trade balance by reducing the imports of oil and forest products. The required investment includes resources that can be obtained in soft loans with approval from the government, and through international donations.